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Vitamina V para la España inquieta

El portador | 9/12/2014 09:49:00 p. m. |

( El Portador ) - La mejor que prueba de que el Onze de Setembre del 2014 ha sido un éxito político es el desconcierto que ayer por la mañana reinaba en algunas destacadas cabeceras de Madrid.
 No había ningún incidente al que agarrarse. No se podía hablar de un descenso en el número de participantes, como hizo el mismo jueves por la nocohe, de manera muy sesgada, la presidenta del Partido Popular en Catalunya, Alicia Sánchez Camacho. No había ninguna nota escandalosa en la cual concentrar el foco. No había otra opción que admitir el éxito de la manifestación más grande jamás registrada en España.




La mayoría de los diarios españoles así lo hicieron ayer, algunos con evidente malhumor, otros a regañadientes, y otros de manera muy lúcida, como “El Correo” vasco que apuntaba a la celebración de elecciones anticipadas en Catalunya. Si estas elecciones se acaban produciendo, habrá que recordar que la portada de ‘El Correo’ fue la primera en señalarlo.




El Gobierno tomó nota de la magnitud de la manifestación, sin alharacas. El año pasado, el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Maragallo sorprendió a todos reconociendo el éxito de la Via Catalana. Le dijeron de todo –algunos de los suyos- pero su posición en el debate ganó credibilidad. El García-Margallo de este año ha sido el ministro de Economía, Luis De Guindos, único miembro del Gobierno que ayer se atrevió a calificar de “muy importante” la manifestación de Barcelona. Estas fueron sus palabras, en Bruselas: “La posición del Gobierno español es que respetamos la manifestación que hubo ayer, que fue muy importante, absolutamente. Pero nosotros apoyamos la legalidad, no podemos hacer otra cosa distinta”. De Guindos es uno de los ministros más predispuestos a buscar vías de entendimiento con Catalunya, quizá porque conoce bien el peso de la economía catalana en el conjunto español y los riesgos que entraña un conflicto de alta intensidad entre el Estado y la Generalitat en un momento muy delicado para la imagen de España en el exterior. La deuda pública española, no lo olvidemos, se aproxima al 100% del PIB. El ministro madrileño De Guindos es un pactista. No sé si le hago un favor escribiéndolo.




El ministro de Economía también conoce, de primera mano, la opinión de destacados líderes europeas sobre la conveniencia de que España cuide mejor sus conflictos internos. Y sabe cómo esa preocupación se ha acentuado estos últimos días, espoleada por el incierto resultado del referéndum en Escocia.




La unidad dialéctica Escocia-Catalunya –ayer subrayada por los principales diarios anglosajones, comenzando por el norteamericano The New York Times- no estaba en el guión. No, de la manera cómo se ha producido. Esa concomitancia disminuirá si el no a la independencia vence en el referéndum escocés del próximo día 18, pero no desaparecerá. El independentismo escocés ya ha ganado políticamente el referéndum, aunque lo pierda en las urnas. Y el soberanismo catalán ya ha inscrito la cuestión de Catalunya en la agenda europea, aunque los próximos meses sean confusos y laberínticos, como muy probablemente van a ser. Los gobiernos de los principales países europeos pedían ayer a sus antenas en Madrid informes urgentes sobre lo que está ocurriendo en Catalunya. Informes por vía oficial y oficiosa. Hay preocupación en Europa.

Y hay preocupación en el Gobierno de España. Por la magnitud de la manifestación –en un principio, en Moncloa y en el Partido Popular se creyó que el caso Pujol iba a tener un gran efecto desmovilizador- y por la incertidumbre generada por el referéndum escocés. Es mejor no reproducir algunos comentarios que se oyen estos días en Madrid sobre el primer ministro británico David Cameron. La preocupación gubernamental pudo observarse ayer en el tono empleado por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, durante la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros. Un tono más neutro y comedido que en otras ocasiones, Un tono menos duro. El Gobierno no modifica su posición y nada va a cambiar en el discurso oficial hasta el 9 de noviembre. Otra cosa es lo que pueda ocurrir en las próximas semanas los discretos canales de emergencia. Las comunicaciones no están totalmente rotas. Sáenz de Santamaría y De Guindos modularon ayer el tono del Gobierno.




Este es un primer y provisional balance de los efectos “por arriba” del Onze de Setembre del 2014. Pero también es muy importante saber cuáles son los efectos ‘por abajo’. Seguramente ya se están realizando encuestas al respecto. Puede afirmarse, sin riesgo de error, que la manifestación de Barcelona ha causado impresión al ciudadano de a pie, sea cual sea su orientación política e ideológica. El gran éxito de la V ha acentuado la irritación de los irritados con la política catalana; ha aumentado la preocupación de los preocupados, y ha perfilado la exaltación de quienes ven en Catalunya la avanzadilla de la sacudida política y social que puede haber en toda España en los próximos meses, cuando se convoquen las elecciones municipales y autonómicas. Irritados y preocupados conforman una gran mayoría, pero puedo asegurar que la tercera posición existe y que no son cuatro gatos. Hay gente en España que lee los acontecimientos de Catalunya como un indicador avanzado de la sacudida política que le espera a España en mayo del 2015, si la economía no mejora de manera ostensible en los próximos meses (atención a los temores que manifestaba ayer de Guindos ante el riesgo de una nueva recesión europea). La decisión del Partido Popular de modificar la ley electoral municipal –intención que mantiene, después de que el propio PP haya decidido enfriar un poco el debate- forma parte de esa preocupación. Hay encuestas a escala regional que estos días ponen los pelos de punta a los dirigentes de los dos principales partidos españoles. Podemos puede sajar el mapa electoral español. Mayo viene cargado.




El enorme impacto que ha tenido la manifestación de Barcelona me ha hecho pensar en el comentario que me hizo en una ocasión, en Madrid, un veterano político que tuvo un papel protagonista en la transición, un hombre desde hace años retirado del primer plano. Me dijo: “Piense que el retorno de Josep Tarradellas a Barcelona en 1977 no sólo tuvo un gran impacto en Catalunya; también lo tuvo en el resto de España. Muchos españoles se dieron cuenta en aquel momento que la transición iba en serio, que no era un simple maquillaje, y comenzaron a sentir verdadero interés por la autonomía de su región. Si los catalanes concedían tanta importancia a la autonomía, quería decir que la autonomía podía ser positiva, y muchos pensaron que su región no podía ser menos. Podríamos decir que el impactante retorno de Tarradellas a Barcelona, con miles de personas en la calle, estimuló el deseo de que hubiese café para todos”. He pensado muchas veces en esta observación y creo que es del todo acertada.




¿La V barcelonesa estimula deseos independentistas o soberanistas en el resto de España? No, evidentemente, no. La radiación soberanista catalana llega con intensidad al País Vasco, es cierto, donde el Partido Nacionalista Vasco se halla en una actitud muy vigilante. El PNV teme verse desbordado por Bildu y está dispuesto a colocarse delante de la manifestación antes de verse desbordado. Estos días, calla. Hay una especial radiación en Navarra, atención a las elecciones autonómicas en Navarra, en mayo del año que viene. Tiene influjo en Canarias, donde Coalición Canaria, también preocupada por el notable resultado electoral de Podemos en las europeas –segunda fuerza política en Las Palmas- intenta promover una consulta sobre las prospecciones petrolíferas en el archipiélago. Hay influjo en Valencia, donde las encuestas apuntan a una gran fragmentación política en las autonómicas, pero es evidente que esta vez no hay demanda de café soberanista, un café de sabor más algo fuerte que el afrutado café autonómico.




Tengo la sensación de que la manifestación de Barcelona aumenta también la inquietud por el estado general de las cosas en España. E invita al criticismo. Muchos jóvenes españoles han quedado sorprendidos. Leído en Twitter: “Ellos se mueven por una idea, mientras los demás nos estamos quietos”. No sé lo que ocurrirá en las próximas semanas y meses en Catalunya, pero la V no ha dejado indiferente al resto de España y no todas las reacciones son de incomprensión y agresividad. Como en 1977, el momento catalán puede ser un estímulo, un contradictorio estimulo, a la crítica social en España. Sí, las elecciones municipales vienen cargadas.

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