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La OTAN debate su papel entre nuevas amenazas y más austeridad

El portador | 8/31/2014 09:32:00 a. m. |

El personal de la OTAN dispone de dos ordenadores para realizar su trabajo. Uno de ellos es convencional, para gestionar lo que la mayor organización político-militar del mundo denomina información no clasificada. Un cartel pegado a esos aparatos advierte de que su contenido no está protegido por el secreto de la OTAN. El otro ordenador es más delicado: sin conexión a Internet, alberga una red propia por la que circula información secreta de operaciones atlánticas. 
La doble herramienta de trabajo es solo una de las múltiples peculiaridades que encierra la sede central de la Alianza Atlántica en Bruselas, un edificio concebido en 1967 como emplazamiento provisional y que solo ahora, en 2016, será sustituido por una nueva sede. El del cuartel general no es el único cambio que deberá afrontar la organización en los próximos meses.
 El fin de la misión en Afganistán, la mayor desplegada nunca por la OTAN, la vuelta de Rusia como adversario y nuevas amenazas como el yihadismo obligan a redefinir el papel de esta organización para el siglo XXI.
La seguridad es la principal seña de identidad en el mastodóntico complejo de la OTAN, con reglas cercanas a lo novelesco: las reuniones de los altos mandos políticos y militares de la organización se celebran en una planta noble del edificio, en salas sin luz natural ni móviles (ni siquiera apagados) para preservar al máximo la confidencialidad de las conversaciones. Y al final del día nadie puede dejar papeles sobre la mesa; deben quedar guardados bajo llave. 
Pero más allá de mantener el sigilo, la organización deberá idear nuevos métodos para vencer en los nuevos conflictos, alejados de las guerras clásicas para las que se preparó la OTAN.

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